UN PAIS DE BAQUELITA

Por. Dr. André Grimblatt Hinzpeter

Antiguamente; con anterioridad al desarrollo de los plásticos PVC que constituyeron una verdadera revolución en los materiales, aunque también en la agresión al medioambiente, se utilizaba la baquelita; una resina sintética que fue la primera sustancia plástica totalmente de síntesis, ​ creada en 1907 y nombrada así en honor a su creador, el belga Leo Baekeland. Por tratarse de la primera materia creada de manera sintética, se utilizó también para denominar lo que se consideraba de mentira, inventado, mitológico, con funcionamiento dudoso, catalogado de imitación o, simplemente, irreal. Y es exactamente el epíteto que permite hoy y desde hace varios años calificar a esta “copia feliz del Edén” que es la República de Chile, nacida de diferentes inmigraciones, desde los soldados españoles transformados en nobles encomenderos hasta los últimos arribos de haitianos, venezolanos y colombianos, entre otros, pasando por miles de europeos y mediorientales, llegados a comienzos del siglo XX, que poblaron estas tierras que eran habitadas por pequeñas comunidades aborígenes que se encontraban en un nivel de desarrollo muy pequeño.

Se lleva ya cuatro meses de conflicto social agudo, con una violencia como no se había visto en el país en los últimos 50 años, violencia que cobrase el puesto al ex ministro del Interior y que ya ha comprometido al actual, ya sea por la vía del ex Sub secretario del Interior o del Intendente de Santiago o Valparaíso y que, además, tanto daño produjera en la infraestructura urbana del país y en la economía nacional, a la vez que en la población, tanto manifestantes, como transeúntes y fuerzas del orden.

Este movimiento o despertar o estallido social, era inesperado y surgió de una reivindicación poco masiva en respuesta a un alza de metro, conocida como la revolución de los 30 pesos, producto de la aplicación de una ley muy anterior que no fuera promulgada por el actual gobierno.

Sin embargo, el Ministerio del Interior dio cátedra sobre lo que no hay que hacer para transformar un conflicto sectorizado y local en un conflicto social nacional y generalizado cuyas consecuencias, hoy, ya nadie vislumbra.

Vivimos en un país de baquelita; con falta de agua, en donde llueve y se inunda todo y nos quedamos sin electricidad; donde la Constitución es el fruto de una dictadura que ya nadie o casi nadie apoya y cuyos crímenes masivos ya no pueden ser negados y de un plebiscito realizado sin registros electorales; de baquelita. Desde el retorno a la democracia, regida por esa Constitución, a pesar de las modificaciones logradas, con muchas dificultades, para eliminar algunos artículos de baquelita como los Senadores vitalicios o los Senadores designados, así como el sistema de escrutinio en las elecciones parlamentarias; continúa con invenciones únicas en el mundo como la subsidiaridad del Estado, las AFP o la propiedad privada del agua, contraria a una Resolución de Naciones Unidas de 2010 que Chile nunca ha ratificado; de baquelita. O que el Consejo de Rectores de las Universidades chilenas, grupo de la élite académica del país, haya mostrado una completa incapacidad, casi circense para gestionar un examen de admisión a las universidades chilenas adscritas a la ley de gratuidad. En la gran mayoría de los países que se comparan con Chile en el ámbito de la OCDE, con PIB per cápita similar, la educación superior es accesible a todos los alumnos que terminan la educación media o secundaria, considerándose un buen sistema de selección el que se realiza al término del primer año de la educación superior.

Estos errores en la conducción de la estrategia de comunicaciones de La Moneda y del gobierno en general, junto a una clara política de represión del movimiento, en detrimento de los principios contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos firmada y ratificada por Chile en calidad de miembro fundador y de las más evidentes nociones de respeto a los derechos del ciudadano; en donde un día se declaraba la guerra al “enemigo interno” y al día siguiente se le llamaba a integrar pacíficamente un proceso de nueva Constitución Política, que finalmente nadie había pedido, al menos en esta ocasión; fueron el mayor acicate al crecimiento del estallido, cuyas reivindicaciones son sociales y económicas.

Luego de haber logrado un acuerdo para una nueva Constitución; que no estaba presente en las reivindicaciones del ingente movimiento social que lleva ya más de 120 días y que, al parecer va a continuar, varios dirigentes políticos se retiraron del acuerdo, firmado y cambiaron su postura en relación a un plebiscito que fuera citado según un acuerdo de todos los partidos del espectro de este Chile de baquelita.

Cada una de las promesas hechas oralmente por el jefe de Estado, con miras a calmar el movimiento, hasta este minuto, no se ha transformado en ley, con la excepción del aumento del pilar solidario para los mayores de 80 años, en un monto que no es significativo; lo que transforma dichas promesas en ditirambos imaginarios, de baquelita, mientras se apura proyectos que estaban en preparación como la reforma de FONASA o la Reforma Tributaria, que favorece a las grandes empresas y continúa haciendo vivir al Estado del impuesto al valor agregado que, en Chile, pagan incluso los bienes de primera necesidad como los alimentos, caso único en el mundo de países que tienen un PIB similar o superior al de Chile. 

Se está desarrollando un proceso para las próximas semanas que implica que se vote a favor o en contra de una nueva constitución. A pesar de que esta medida era esperada desde hace ya unos treinta años, no ha logrado detener la violencia y continúan las batallas entre manifestantes violentos, que saquean, destruyen queman y agreden, frente a una policía que, desconociendo todos los protocolos, responde con una violencia digna de dictaduras que conociera el país en tiempos pasados.

Es cierto que un crecimiento de la violencia al punto que ha llegado en Chile es muy deplorable; pero también es cierto que por treinta años los diferentes gobiernos que han administrado esta comarca del sur del mundo, han forjado un espacio en el que no es un agrado vivir y donde el individuo no tiene los derechos básicos que le permitan luchar de manera digna por la felicidad de los suyos.

Para salir de ésta, es importante vencer ambos flagelos al mismo tiempo y transformarnos en un país de verdad, en donde la comunidad tenga sentido y los derechos ciudadanos permitan a cada uno vivir en un país digno, de libertad, de respeto, de igualdad de oportunidades y de fraternidad ciudadana.

Carabineros ha privado de un ojo a más de dos centenas de ciudadanos y terminó lanzando un vehículo de transporte de caballos contra un manifestante, quitándole la vida. Es evidente que deben responder por esos actos contrarios a toda nación civilizada.

No queremos más violencia, no queremos más heridos, no queremos más destrucción, no queremos más vejámenes, no queremos más un país de baquelita. Queremos que nuestro país mire hacia el futuro y se transforme en una verdadera república.