Las nuevas voces de Raúl Ruiz

Por: Gabriela García.

Las tres mujeres sordas que fueron claves en recuperar el guion del largometraje de Ruiz: Carolina Mujica, Carmen Gloria Uribe y Carmen Figueroa. Aquí, en lengua de señas, dan el nombre de la cinta: “El tango del viudo”.

En 2017, Valeria Sarmiento -esposa del cineasta- y la productora Poetastros se propusieron terminar el primer y desconocido largometraje de Raúl Ruiz. Filmado en 1967, El tango del viudo fue hallado mudo, sin guion ni montaje. “Se van a necesitar unas sordas para que salga a la luz”, le había advertido el director a su viuda antes de morir. El año pasado, Carolina Mujica, Carmen Gloria Uribe y Carmen Figueroa -todas sordas de nacimiento- tomaron el desafío de descifrar el material sólo leyendo los labios de los personajes. Esta es la historia de esa odisea.

Ese día de 2008, tres años antes de su muerte, Raúl Ruiz volvió al departamento donde vivió con sus padres, en Huelén 115, y le dijo a su mujer, la cineasta y montajista de sus películas, Valeria Sarmiento, lo que estaba por venir.

-Está difícil terminar esta película. Se van a necesitar unas sordas y plata para que salga a la luz -fue su diagnóstico tras ver las imágenes en blanco y negro de su primer largometraje, El tango del viudo (1967). Filmada en esa misma casa cuando él tenía 27 años, Ruiz guardó la película en siete rollos de 35 milímetros que más de alguien creyó perdidos, pero que se conservaban en una bodega oscura del cine Normandie. Ruiz revisó las imágenes con la ilusión de concluir el largometraje, entusiasmado porque acababa de rescatar y restaurar el corto La maleta (1963). Pero la misión era imposible de concretar. El tango del viudo tenía varios personajes, pero estaba absolutamente muda porque no tuvo dinero para montarla ni doblarla. Tampoco había guion que diera luces de la historia que 41 años antes se había propuesto contar.

Ruiz partió a Europa y no volvió a ver el material, porque se concentró en otras películas hasta que la neumonía posterior a un cáncer hepático se lo llevó a la tumba el 19 de agosto de 2011. Pero en 2017, fue su viuda, Valeria, quien se encontró con El tango del viudo. Revisando los diarios de su marido, leyó las pocas líneas que existen sobre dicho largometraje: “Será el mañana quien se ocupe de hacer sonar esta película que hoy se guarda muda”. Eran las únicas señales sobre una trama que para Valeria era un completo enigma, ya que con Raúl se habían conocido después, cuando él filmó Tres tristes tigres en 1968.

“La historia gira en torno a un hombre cuya mujer se le aparece como un fantasma. El fantasma lo sigue por todas partes, debajo de la cama, debajo de las mesas… a fuerza de frecuentar al fantasma, el hombre comienza a parecerse a él, de modo que va afeminándose cada vez más, en un espiral en el que descubrimos que nunca estuvo casado, y que se trata simplemente de un desdoblamiento de personalidad y un juego esquizofrénico”, leyó Valeria en las anotaciones de Ruiz. El tango del viudo -según un artículo de la revista Ecran de la época- estaba inspirado en un poema que Pablo Neruda hizo a fines de los años 20 para Josie Bliss, una amante indígena que tuvo en Birmania y cuya presencia y ausencia en su vida hicieron que el vate la invocara con iguales dosis de nostalgia y de olvido.

Valeria no había visto la hora y 20 minutos de esa filmación que Raúl había dejado atrás sabiendo que sería muy difícil volver tras sus pasos. Pero mientras terminaban en 2017 La telenovela errante junto a la productora Poetastros -que conforman la actriz Chamila Rodríguez y el cineasta Galut Alarcón-, las palabras que le había dicho Ruiz ese día de 2008 en Huelén comenzaron a rondarla también como un fantasma.

“Lo que hice fue seguir lo que yo creía que Raúl habría imaginado si se encontraba frente al reto de terminar el filme”, reconoce hoy Valeria desde París.

-Necesito que rescaten los rollos y que comiencen el trabajo de descifrar los diálogos con la ayuda de personas sordas para saber de qué se trata -les pidió a Chamila y a Galut en 2017. Pero cuando éstos fueron a rescatar los rollos para poder desentrañar el misterio, éste sólo se agrandó. En el sótano del Normandie esperaban encontrar siete rollos, pero sólo había seis. Y además el último de ellos estaba marcado con la palabra IDIOTA.

-Nos obsesionamos durante un año buscando el rollo que faltaba, porque el que decía que era el uno y estaba marcado como El tango del viudo, al pasarlo tenía una película a color nada que ver. Preguntamos en todos lados pero ni rastro. Finalmente Valeria fue concreta: “Avancemos con lo que hay”, nos dijo -recuerda Chamila. Chamila y Galut vieron el material y se sintieron fascinados, pero a la vez empantanados. Maravillados con las imágenes de un Santiago bohemio ya inexistente, donde las personas de todas clases sociales vestían elegante en las calles del centro, donde se ve la fachada de Il Bosco y la casa de Huelén intacta, no lograban identificar hacia dónde iba la historia que Ruiz había filmado.

-Las imágenes, además de estar mudas, eran abstractas e incoherentes. El material era evanescente y muy difícil de asir -dice Chamila.

-Además el rollo número 7, el que decía IDIOTA, lo hacía aún más pesadillesco porque tenía pedacitos de escenas que ya habías visto en los demás, pero que entre medio tenían un elemento nuevo que te dejaba descolocado. El tango del viudo te llevaba a un nivel de inconsciencia y experiencia sensorial que no podías racionalizar -agrega Galut.

Chamila y Galut quedaron aún más sorprendidos cuando en medio del material inconexo, caótico y dadaísta, apareció un cameo del propio Ruiz. Lozano aún, sonríe mientras camina por la Alameda de los años 60 y filma a un grupo de actores que hoy en su mayoría están muertos como él.

Los únicos actores sobrevivientes de esa cinta son Delfina Guzmán, Shenda Román y Luis Alarcón, quien hace el papel del amigo del viudo en el largometraje. Galut, que es hijo de Luis Alarcón, recurrió a su padre para saber más sobre el filme. Pero éste, casi en los 90 años, apenas se acordaba de lo que se trataba o del personaje que había encarnado.

-Lo único que atesoraba era la experiencia de filmar con su amigo Raúl. Que habían comido sopa de remolacha, que tomaron damajuanas de tinto y pipeño mientras rodaban y que habían zapateado -cuenta su hijo.

Investigando la época, Poetastros llegó a saber algunas otras cosas: para rodar El tango del viudo, Ruiz se había tomado la casa de sus padres durante una semana mientras estos estaban de vacaciones. Y había invitado a los amigos que se había hecho anteriormente en el TUC (Teatro de la Universidad de Concepción) para que la protagonizaran.

Pero había un detalle que hacía aún más arduo descifrar las imágenes. La intención del cineasta fue que Delfina, Shenda y Luis interpretaran la historia “a lo penquista”. Es decir, que actuaran sin actuar. Razón por la cual los personajes apenas modulan en la filmación.

-Raúl venía del mundo del teatro en 1967. Acababa de hacer la obra Dúo. Pero en el TUC habían sido revolucionarios en la forma de ejercerlo. Mientras el público estaba acostumbrado a un teatro muy acartonado, donde el gesto se alternaba a la perfección con el gesto y la palabra muy bien dicha, ellos consideraron que esta forma era muy poco realista y generaron su propio método: no impostarían la voz ni declamarían los textos, sino que hablarían en chileno, rápido y en un volumen cotidiano. Su teatro era tan íntimo y privado que ponía incómodo al espectador y en El tango del viudo está esa manera: es como si los actores susurraran en lugar de actuar -explica Galut.

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-El hecho de estar enfrentados a un mundo de silencio total, de mudez, donde el único mecanismo que teníamos para traer el sonido que sale de ese silencio era gente que no escucha, me hizo encender la cámara -cuenta Galut, para explicar por qué comenzó a filmar el proceso de reconstruir el sonido de El tango del viudo.

A ese trabajo documental lo llamó Raúl Ruiz desde el silencio. Allí se ve a Delfina Guzmán, Shenda Román y Luis Alarcón frente al proyector con las imágenes en blanco y negro. No entienden ni una palabra de lo que habían dicho en aquella filmación.

-Raúl filmaba con una rapidez increíble y con una imaginación desbordante, pero además ya tengo 91 y mi memoria es como la mierda -se excusa hoy Delfina.

Para Shenda -ahora al teléfono- el asunto es simple: en ese entonces “Raúl era un geniecito menor que nosotras” y no importaba qué les pidiera, porque ellas iban a todas con él.

-Era un período maravilloso. Nos habían echado de la Universidad de Concepción y nos habíamos venido a Santiago a hacer arte para todo el mundo, no para unos pocos. Con esa fuerza y capacidad de crear es que debimos llegar a filmar. Recuerdo que Raúl no usaba guion, sino que te pasaba pequeños papelitos. Y con una botella al hombro te explicaba tan bien lo que tenías que hacer que todo era muy natural. Con dos chauchas en el bolsillo hicimos todo; así era en ese tiempo: todo se hacía a lo amigo -cuenta Shenda. Pero de su personaje o de la historia, ni luces. No se acuerda de nada más.

-Se van a necesitar unas sordas y plata para poder sacarla a la luz -le había dicho Raúl a Valeria. Y es así como a esta historia terminarían integrándose el año pasado tres mujeres que se convertirían en verdaderas heroínas para el equipo. Porque Carolina Mujica (55), Carmen Gloria Uribe (47) y Carmen Figueroa (46) lograrían leer los labios de

-Es como si hubiésemos estado predestinadas a rescatar una película que se creía perdida- dice Carmen Gloria, con la ayuda de una intérprete de lengua de señas.

A Carmen Gloria le emociona haber participado de esta misión, tanto como sentir la vibración del punk cuando pone su mano sobre el parlante donde suena The Clash o INXS. Junto a sus compañeras, coinciden en que sacar a la luz “El tango del viudo” fue una hazaña total.